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jueves, 1 octubre 2026

146 días después, Marko Cortés insiste en el caso Rocha Moya

Marko Cortés dice que el señalamiento de Trump no le sorprende y exige procesos contra Rocha Moya e Inzunza. También arma 2027.

El senador del PAN Marko Cortés Mendoza habló este martes en el Patio del Federalismo, durante la sesión ordinaria del Senado, sobre el discurso de Donald Trump en la Asamblea General de la ONU. El mandatario estadounidense había dicho en la mañana que México es “el epicentro de la violencia de los cárteles”. Cortés, exdirigente nacional del blanquiazul y senador por lista nacional, no desmintió la frase. Dijo que no le llama la atención. Y la usó para reabrir dos frentes: Sinaloa y la elección de 2027 en Michoacán.

El legislador atribuyó el crecimiento de la extorsión y de la violencia electoral a lo que llamó “abrazos a los criminales”. Remitió el diagnóstico a Jalisco y a las elecciones de 2021. Afirmó que ese proceso fue, en su relato, el más violento de la historia, con candidatos bajados, golpeados, secuestrados y muertos, y que por eso el PAN acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y a la OEA. Esas denuncias de Va por México ante ambos foros ocurrieron en 2021. Lo que Cortés añade ahora es la lectura política: que un jefe de Estado extranjero diga lo que el PAN sostiene desde entonces.

El segundo bloque de la entrevista fue el caso Sinaloa. El 29 de abril de 2026, un gran jurado del Distrito Sur de Nueva York formuló acusación formal contra el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza Cázarez y otros funcionarios sinaloenses por presunta conspiración para importar fentanilo, heroína, cocaína y metanfetamina a Estados Unidos. Han pasado 146 días. Rocha Moya está en su entidad, con licencia. Inzunza sigue en funciones en el Senado. Cortés preguntó por qué no se abre un proceso real en México o por qué no se le pide a Rocha que se presente ante las autoridades estadounidenses “si no tiene absolutamente nada de qué temer”.

El senador describió el recibimiento de Inzunza en la bancada de Morena —“con muchos abrazos”— como “encubrimiento” y “complicidad”. Son calificativos suyos, no un fallo judicial. El coordinador de Morena, Ignacio Mier, sostuvo en abril que la solicitud de extradición, en una primera revisión, carecía de sustento conforme a la legislación mexicana y a los acuerdos bilaterales, y que correspondía a la FGR emitir opinión. Ese cruce de versiones sigue abierto: acusación en Nueva York, trámite en Cancillería y Fiscalía, fuero en el Senado.

Cortés dijo que ya hubo una acción concreta de Estados Unidos: el gran jurado y la solicitud de extradición. A México, según él, le toca “hacer lo propio”. La metáfora es de vecindario. Es como si el vecino del norte llamara a la puerta con un expediente y, del lado de acá, la casa discutiera si abre, si pide más pruebas o si el que está señalado se queda en la sala. Mientras tanto, el tratado de extradición de 1978 sigue siendo el cauce legal. No hay sentencia. Hay un reloj de 146 días.

¿Y qué cambia para quien no vive en Sinaloa ni cubre el Senado? El senador michoacano trasladó el argumento a su estado y a 2027. Dijo que en Michoacán un tribunal reconoció involucramiento del crimen en un proceso electoral, aunque lo calificó como no determinante. Preguntó cómo se mide “un poquito” cuando hay amenazas, extorsión, candidatos bajados y actas llenadas. El mensaje que dejó para el lector de cara a la siguiente contienda: quiere “consecuencias serias” antes de que arranque el proceso. No precisó qué autoridad las impondría ni con qué expediente mexicano.

En la misma rueda de micrófonos armó la pieza electoral. Se declaró proaliancista. Propone una coalición “tan amplia como se pueda” en Michoacán: PAN, PRI, Movimiento Ciudadano y candidaturas de la sociedad. Puso sobre la mesa a Alfonso Martínez Alcázar, actual presidente municipal de Morelia, tres veces alcalde —una como independiente y dos por el PAN—. Sobre Grecia Quiroz, dijo que sería bienvenida a sumarse al proyecto, no como candidata de relevo: el perfil que él impulsa para gobernar, afirmó, es el de Martínez.

Cortés atribuyó a Morena un desgaste, un “voto de rechazo” visible en encuestas y una apuesta a “programas clientelares”. Dijo que las ideas fuerza de no mentir y de honestidad “se les cayeron” y que hoy lo que une a ese movimiento es el poder. Son lecturas de oposición, no mediciones oficiales citadas con fuente y fecha en la entrevista. También anticipó la comparecencia de la secretaria de Gobernación, Ernestina Godoy, en el Pleno, para preguntar por un decomiso que la prensa ha descrito como error o como hecho manipulado. No adelantó el cuestionario. Dejó la cita.

Lo que viene, entonces, no es un titular de extradición para esta noche. Es una secuencia: la respuesta oficial del gobierno mexicano al discurso de Trump en la ONU; el trámite de extradición de Rocha Moya e Inzunza, que sigue en FGR y SRE; la comparecencia de Gobernación; y, en Michoacán, la construcción —o no— de una coalición opositora rumbo a 2027. El Senado no resolvió ninguno de esos puntos en el Patio del Federalismo. Solo se oyó la tesis de un senador que usa el foro internacional para empujar el tablero interno.

La frase más compartible no es el adjetivo. Es el recuento: 146 días de una acusación en Nueva York, un gobernador con licencia, un senador con fuero y una elección estatal a la vista. La pregunta que se puede llevar a la mesa, sin pedir militancia, es esta: si un gran jurado extranjero ya hizo su parte, ¿quién tiene que probar qué, y ante qué juez, antes de que México vote otra vez?

3 mil 155 kilómetros: Higinio Martínez replica el discurso de Trump

Higinio Martínez afirma que México libra una lucha permanente contra el crimen y que Trump, en la ONU, no describe al país. ¿Qué responderá Palacio?

El presidente de la Mesa Directiva del Senado, Higinio Martínez Miranda, sostuvo este martes que México mantiene una lucha permanente contra el crimen organizado y que las acusaciones lanzadas por Donald Trump ante la Asamblea General de las Naciones Unidas no corresponden con la realidad del país. Lo dijo en entrevista, horas después de que el mandatario estadounidense llamara a México “el epicentro de la violencia de los cárteles” en el debate de alto nivel de la 81.ª Asamblea, en Nueva York. La frase cayó como piedra en el zapato: no por inédita, sino porque se pronunció frente a decenas de jefes de Estado.

Martínez Miranda, senador por el Estado de México y titular de la Cámara alta desde el 1 de septiembre, atribuyó el tono a “el estilo, la forma y la característica” del presidente de Estados Unidos. Dijo que los mexicanos ya están acostumbrados a ese tipo de señalamientos y que no deben sorprender. El senador no negó el problema del crimen. Lo que negó fue el retrato. Y dejó en el aire la pregunta que importa en Palacio: quién pone por escrito la respuesta oficial.

El discurso de Trump mezcló dos mensajes. Por un lado, habló de una “muy buena relación” con el gobierno de Claudia Sheinbaum y de “grandes avances” en materia de seguridad. Por el otro, sostuvo que resulta inaceptable compartir una frontera de 2 mil millas con un territorio que, según él, está controlado por cárteles. Comparó a esas organizaciones con el “ISIS del hemisferio occidental” y afirmó que México debe recuperar el control de su suelo. En el recinto estaba el canciller Roberto Velasco, que representa a México en esa semana de alto nivel.

La frontera terrestre entre ambos países mide 3 mil 155 kilómetros. No es un dato de mitin: es la línea que une seis estados mexicanos con cuatro estadounidenses, el mismo corredor por el que cruzan personas, mercancías, armas y drogas. Martínez Miranda lo tradujo a otra escala. Dijo que esa frontera “nos va a seguir uniendo por mucho tiempo” y que la relación bilateral continuará durante muchos años. Como dos vecinos que comparten barda: uno le grita al barrio que la casa de enfrente está hecha un desmadre; el otro responde que ya barrió su patio y que, de paso, el primero también tiene goteras.

¿Y si el problema no cabe en un solo mapa? El presidente del Senado planteó que parte de lo señalado por Trump también ocurre en la Unión Americana. Atribuyó a México la atención de sus asuntos de seguridad pública “dentro del marco de la ley” y reiteró que el combate a la delincuencia forma parte de las tareas diarias del Estado. No ofreció cifras propias. No abrió un debate estadístico. Dejó el contraste: acusación en tribuna internacional, respuesta en clave de rutina institucional.

El senador adelantó el calendario político. Habrá respuesta oficial del gobierno mexicano, “más allá de lo que diga la Presidenta de la República antes”. Después, el Senado determinará si emite un pronunciamiento. Esa secuencia no es menor. Primero habla el Ejecutivo. Luego decide la Cámara alta si se suma con un texto institucional. Mientras tanto, la delegación mexicana en Nueva York sostiene la línea de soberanía y cooperación, sin aceptar operaciones militares extranjeras en territorio nacional, postura que Sheinbaum ha repetido en ocasiones anteriores.

Para el lector, el efecto inmediato no es un cambio de ley ni un toque de queda. Es otra cosa, más cotidiana: la relación con Estados Unidos sigue siendo el marco en el que se mueven el comercio, la migración, las remesas y la seguridad de la frontera norte. Un discurso en la ONU no cierra la aduana. Tampoco la abre. Pero sí fija el tono de las siguientes horas, cuando Palacio Nacional y la Cancillería tengan que responder ante el mismo escenario multilateral donde se pronunció la acusación.

Martínez Miranda insistió en que esas declaraciones “no afectan” a México porque las autoridades tienen claridad sobre las acciones que realizan contra la delincuencia. El argumento es de control de daños: el ruido ya se conoce; lo que cuenta es la operación diaria. Queda por verse si esa claridad se traduce en un documento público, en cifras comparables o en un recuento de resultados que el gobierno esté dispuesto a poner sobre la mesa internacional.

El contexto importa porque no es la primera vez que Washington describe a México en esos términos, ni la primera vez que un legislador mexicano responde que el retrato está incompleto. Lo distinto ahora es el foro. La Asamblea General no es una conferencia de prensa en la frontera. Es el escenario donde el relato de un país se lee frente al resto. Por eso el Senado espera la voz oficial y se reserva la propia.

Lo que viene es medible. En las próximas horas debe aparecer la respuesta del gobierno mexicano. Después, el Senado dirá si se pronuncia o se queda en la entrevista. Entre tanto, la frontera de 3 mil 155 kilómetros seguirá ahí, con su tráfico legal y su tráfico ilegal, con su cooperación y su desconfianza. La pregunta que se puede llevar a la mesa, al trabajo o al grupo familiar es sencilla y no pide militancia: si un vecino te describe ante el mundo, ¿quién tiene que responder primero, el que vive en la casa o el que comparte la barda?